jueves, 3 de noviembre de 2011


SOBRE "FRIDA KAHLO"
MUCHAS VECES he oído: "Era una mujer muy
rara. Era medio loca. Le gustaban las mujeres.
Era comunista. Cosas de artista...".
Visitar la casa de Coyoacán (la Casa Azul) es
encontrarse con una mujer, que ha roto todos los
esquemas convencionales de sumisión ante la
adversidad en un mundo controlado por hombres
semidioses.
Toda tu vida. Tu drama. Tu accidente. Tu dolor.
Tu amputación de pierna. Tu soledad. Tu alegría.
Tu genio. Tus colores. Tus muebles. Tus flores de
papel pintadas y suspendidas en lo alto de tu cama.
Tus muñequitas de porcelana o celuloide. Todos tus
objetos personales. Tus vestidos... todos juntos y más
son fieles testigos de alguien, que sin vivir dentro de
las bambalinas se ha convertido en una referencia
universal.
"Estilo"... Ja! Y tu, seguramente sin pensarlo llegaste
más lejos que eso...creaste tu propio mundo dentro de
otro.
FRIDA KAHLO.
Desde su caballete. Desde su silla de ruedas. Sí. Frida.
La mujer lisiada. La mujer de pobladas cejas. La mujer
rebelde. La comunista. La que fumaba. La mujer que se
besaba con otra mujer, logró algo inédito y magistral!.
Tuvo la valentía de plasmar una y otra vez su propia vida.
Exorcizar su alma y narrar su historia a través de sus
lienzos y colores.
Su amor, su dolor, pasión y fortaleza. Su dolor del alma.
Ese dolor que nos redime y nos eleva de cualquier inequidad.
Su inquietud, su enfermedad. Sus aparatos ortopédicos. Su
lacerante columna. Son todos ellos y más, el ingrediente para
convertirla en un ser que traspasara cualquier hilo del tiempo.
Un epistolario de imágenes. Siempre su rostro. Su ángulo. Sus
particulares cejas. Sus labios. Sus ojos. Esa mirada que hurga
y desafía todo a su alcance.
Frida Kahlo.
La mujer que no necesitó de artificios para ser toda una hermosa
doncella de fábula. Miles de personas visitan la "Casa Azul" para
ver su entorno. Para observar como vivía una mujer de su época.
Una mujer artista. Una pintora. Una revolucionaria. Una mujer
que pintaba su propio cuento.
Si dejáramos volar por un instante nuestra imaginación. Si la
dejáramos correr... seguramente podríamos verte caminar por
esas calles de Coyoacán.
Tu comarca.
Tu amado México.

Alfonso Márquez Ceballos

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