La Criada (the housemaid)
LA CRIADA de la casa N. 140 en la Avenida 5.
Se llamaba: Magda. Vivió casi hasta perecer la
morada. Como toda criada, era obediente y muy
discreta. Callada y siempre al pendiente del más
mínimo detalle y capricho de los habitantes de la
casa.
Cualquier acto quedaba sepultado en su boca y
en sus ojos. Nunca nadie sabría el por qué de lo
acontecido. Ella sería abnegada y fiel como la habían
educado. Cualquier secreto, cualquier atisbo, cualquier
realidad por muy dolorosa y cruel, quedarían sin efecto.
Magda pertenecía a una generación donde el silencio era
el único benefactor.
Seguramente, si alguien diera un vistazo por esa
desgastada casa. Si se detuviera por un leve instante
detrás de los ventanales del recinto, es probable que
aún pudiese ver a aquella mujer pasar una y otra vez
por todos los espacios de dicho lugar.
Como si la rueda del tiempo girara y girara sin nunca
detenerse a observar que el hábitat es otro. Que nadie
espera, ni escucha, ni exige. Mucho menos, implora.
"implorar"... como cuando Tomás gritaba a su desalmado
padre, que no le maltratara. O como Alberta. Cuando
gritaba desgarradamente mientras su vida iba agonizando
en la alberca. Mientras, el gran festín en honor a su
honorable progenitor seguía inalterable.
A QUIEN PUEDA INTERESAR.
Alfonso Márquez Ceballos

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